¡Hola lectores y colegas!
El
día de hoy comparto con ustedes algunos de los primeros bocetos que hice allá
por el 2011 con respecto a los Heimmir, la raza gigante de la Primera Edad del
Mundo de Asztriand. En estos dibujos (pido disculpas por la mala calidad de la
imagen) podemos apreciar los diferentes rasgos y características de las
estirpes gigantes: los Wörtan, los Hyrnen, los Ulden y los Eren’nan.
A
continuación, les dejo una breve descripción de ellos escrita en su “Grimorio Arcano"
por el mismísimo Jord el Amante, uno de los Primeros Cuatro Gigantes, a finales
de la Era Titánica.
Arriba
a la derecha tenemos a un Wörtan, “Hijo de Wör”, de la casta de los Gigantes de
las Llanuras.
En
su antiguo compendio Jord habla de ellos como seres
solitarios, pacíficos, de notable humildad. Y con paciencia de montaña. (...) Inquietos
con respecto a los demás Heimmir cuando se trata de levantar un hogar en donde perdurar.
Los Hijos de Wör prefieren andar y andar en las interminables praderas o las
frondosas colinas de Ereón y Eän. Cualidades que complementan acertadamente con
las artes que practican, sobre todo en el campo de la manipulación de hierbas o
fluidos para la alquimia y la medicina.
Jord
también da una muy detallada descripción física de esta raza gigante:
Abajo
a la derecha hay un Hyrnen, Hijo de Hyr, en su Trono de la Montaña.
Según
Jord, aquí vemos una raza nacida en el seno de la Roca
Madre, desde las profundidades del Núcleo del Mundo, las profundidades de los
poderes elementales de la Tierra. (…) Hyr el Constructor moldeó a su progenie con
el barro bajo sus pies, la piedra de las montañas, la savia de las raíces y el
hueso de su propio cuerpo. Las titánicas esculturas de piel pétrea semejante a
los minerales de la tierra oscilan entre los cuarenta y cincuenta varas de altura.
De físico corpulento, en ocasiones, con marcada musculatura en brazos y piernas
gracias a los esfuerzos en sus oficios artesanos. A diferencia de sus primos
Wörtan, los gruesos cabellos negros de su enredada melena y abundante barba nunca
pierde su tinte. No más de lo que un poco de polvo o arena puede ensuciar
superficialmente. Tanto hombres como mujeres no temen en mostrar su cuerpo
desnudo, sean niños, adultos o ancianos. Por esto se los puede ver usando diversos
ejemplares de sus kúlcuras, su tradicional vestimenta tejida con granos de
arena, hilo de barro y una fina aleación metálica suave como algodón, manipulando
todo minuciosamente como si se tratase de la tela más versátil y delicada. Contrastando
con los opacos colores terrosos de su físico y atavíos, sus ojos resaltan con
el brillo de las piedras más preciosas. Con un gigantesco iris amarronado en
donde se asoman esquirlas como el ópalo, ámbar y ágata parda se asoman desde la
oscura tierra.
También
nos habla de sus inclinaciones materiales y espirituales.
Los Hijos de Hyr de las grandes montañas adoran los maravillosos paisajes del mundo, respetan los imponentes poderes del mundo y sus creaciones replican la belleza del mundo. Siendo ofrendas a la mismísima Voz Bajo la Tierra que murmura desde las profundidades de Pannor y los guía en su manso, pero perpetuo conocimiento. (…) Una sociedad pacífica, ordenada. Compuesta por diecisiete pequeñas familias esparcidas por todo el dominio del Rey de la Montaña en la majestuosidad del Jarlkhyrath, la “Columna de Hyr”, la insigne Sierra de los Colosos. En cada una de las diecisiete viviendas trabajadas en piedra, barro y ricos minerales se puede encontrar hasta cuatro integrantes. Sobre todos ellos, heredado entre hombres y mujeres por igual, es el más anciano quien se sienta silencioso en el Trono Familiar, en el pico más alto de las montañas encargado a salvaguardar. Siendo así cabeza de la familia, guía de su descendencia, maestro en el Camino de los Secretos de la Tierra y un puente entre su trono, esculpido y decorado finamente, y el Trono de Hygnar en la montaña del rey, aún más exquisito en su construcción y ornamentación.
Abajo
a la izquierda, la imagen de un guerrero Ulden, Hijo de Uld, entre los delgados
pinos de las tierras del sur.
Sobre
esta casta gigante Jord remarca su notable y temible
inclinación por la guerra y el derramamiento de sangre, siendo los Hijos de Uld
los más fieros guerreros de entre todos los Heimmir, igualando en bravura a las
salvajes especies dracos de Pannor, como los titanosaurones o los vástagos de
Lindorm. Los belicosos Ulden sometieron a la fuerza los reinos de Azán y Aëz utilizando
sus armas de hueso, piedra, cobre o bronce. Protegen sus fornidos cuerpos con
armaduras de metales trabajados por forjadores casi tan sofisticados como los
Maestros Herreros de las Montañas de Fuego. Y utilizan como trofeo el pellejo de
sus presas. Escamas de dracosauro, pieles de urzosgo o cueros de alguna bestia gigante.
(…) Los clanes Ulden dominan las frías tierras del sur de Pannor desde las
montañas del Jarlnuldrath, la “Columna de Uld”. Los clanes conformados por unas
pocas familias se asentaron en pequeñas pero orgullosas aldeas en los nevados y
boscosos valles, circundantes al corazón de su sociedad guerrera, el gran asentamiento
bautizado Uldungrath, la “Morada de Uld”, en honor al padre de su estirpe guerrera,
mi hermano perdido.
El
autor nos deja una descripción de la apariencia de los Ulden:
Entre los Heimmir, la estirpe de Uld es la
más baja en estatura. Rondando las treinta a treinta y cinco varas como máximo.
Igualando en tamaño a las Allkyres. Su ejercitado cuerpo de músculos marcados
heredó fríos tonos azules. En su gruesa piel crece escaso pelo, lo que vuelve
más llamativo a sus largas cabelleras y pobladas barbas, más oscuros que su tez
clara. Su temible mirada se refuerza con un iris de colores plateados y ascuas
blancas como la nieve. (…) A diferencia de los Wörtan o los Hyrnen, los Ulden
suelen cubrir su cuerpo incluso más que los Hyrnen de las Montañas de Fuego. Usando
burdos atavíos de diversos materiales sobre pies, piernas, cintura, espalda,
cabeza, muñecas y antebrazo.
Por
último, arriba a la izquierda tenemos un Eren’nan, Hijo de la Tormenta, la
maravillosa descendencia de Karahk’ Thar, Primer Rey de la Tormenta.
Jord
nos habla de ellos con escaso conocimiento.
La progenie del Primer Rey de la Tormenta
supera en altura a los Hijos de Uld e iguala a los Hijos de Hyr de las Montañas
de Fuego, midiendo poco menos de cuarenta varas. Su cuerpo anteriormente orondo
de piel pétrea y áspera como la montaña, hoy luce un físico estilizado, con una
piel metálica pulida como el plomo, el aluminio o la plata. Su chispeante
mirada heredó el color dorado y refulgente del trueno que ahora vive en sus corazones.
La cabellera que antes se enredaba en sí misma, entre barro y polvo, ahora cae
con finos cabellos cromados verde azulados, semejante en textura a la crin de un
unicornio. Lo mismo pasa con su barba, mayormente larga y muy bien cuidada, que
en ocasiones trenzan o anudan como lo hacen los guerreros y jefes Ulden. Y así
como ellos, portan atavíos que cubren casi todo su cuerpo. Comúnmente luciendo
una especie de kúlcura más hermoso y delicado que el de los Hyrnen. Sobre éstos,
elementos metálicos y joyería trabajados con elegancia.
Luego
de poca información, Jord termina su escrito con lo siguiente:
Al ser la estirpe más joven de los Heimmir se tiene
poco conocimiento sobre su sociedad escondida entre las nubes y las estrellas.
Es una raza orgullosa, obstinada, reservada y de espíritu valiente. En busca de
los saberes de la Magia, pero sin miedo a formar parte de la batalla cuando es
el momento. (…) En su vasto reino de preciosa y resplandeciente arquitectura,
Karahk’ Thar, el que fue Tocado por el Rayo Perpetuo, guía a su pueblo desde su
cristalino trono, en la sala más brillante de Eren’kyara, la “Ciudadela de
Todos los Vientos”.

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