martes, 25 de mayo de 2021

Los Heimmir de la Era Titánica [arte conceptual]

¡Hola lectores y colegas!

El día de hoy comparto con ustedes algunos de los primeros bocetos que hice allá por el 2011 con respecto a los Heimmir, la raza gigante de la Primera Edad del Mundo de Asztriand. En estos dibujos (pido disculpas por la mala calidad de la imagen) podemos apreciar los diferentes rasgos y características de las estirpes gigantes: los Wörtan, los Hyrnen, los Ulden y los Eren’nan.

A continuación, les dejo una breve descripción de ellos escrita en su “Grimorio Arcano" por el mismísimo Jord el Amante, uno de los Primeros Cuatro Gigantes, a finales de la Era Titánica. 


Los Heimmir de la Era Titánica
 [Alan L. F. CHavez]

Arriba a la derecha tenemos a un Wörtan, “Hijo de Wör”, de la casta de los Gigantes de las Llanuras.

En su antiguo compendio Jord habla de ellos como seres solitarios, pacíficos, de notable humildad. Y con paciencia de montaña. (...) Inquietos con respecto a los demás Heimmir cuando se trata de levantar un hogar en donde perdurar. Los Hijos de Wör prefieren andar y andar en las interminables praderas o las frondosas colinas de Ereón y Eän. Cualidades que complementan acertadamente con las artes que practican, sobre todo en el campo de la manipulación de hierbas o fluidos para la alquimia y la medicina.

Jord también da una muy detallada descripción física de esta raza gigante:  

Los Hijos de Wör son los más altos entre toda la descendencia Heimmir. Alcanzan alturas de hasta cincuenta varas. Algunos, unos pocos, rozando las sesenta varas. Doblando en tamaño a los carnívoros dracosauros más grandes. (…) No buscan la riqueza tangible. La libertad de su espíritu los acostumbró a errar con simples tejidos o cueros enmendados y bastones silvestres como única posesión. Enseñando sin pudor sus cuerpos velludos de piel gruesa con el color de la arena o la madera más clara, y la textura de la corteza del árbol más viejo. Despreocupados por su apariencia, su torso y pelvis se oculta debajo de largas, abultadas y mugrosas barbas. Su pelo oscuro llegó a desteñirse rápidamente con el imperceptible correr del tiempo, dejando lugar a un enmarañado de hilos blancuzcos. Pero los diversos tonos marrones de sus ojos serenos, decorados con manchas de nieve o ceniza en el muy dilatado iris, nunca cambió. 


Abajo a la derecha hay un Hyrnen, Hijo de Hyr, en su Trono de la Montaña.

Según Jord, aquí vemos una raza nacida en el seno de la Roca Madre, desde las profundidades del Núcleo del Mundo, las profundidades de los poderes elementales de la Tierra. (…) Hyr el Constructor moldeó a su progenie con el barro bajo sus pies, la piedra de las montañas, la savia de las raíces y el hueso de su propio cuerpo. Las titánicas esculturas de piel pétrea semejante a los minerales de la tierra oscilan entre los cuarenta y cincuenta varas de altura. De físico corpulento, en ocasiones, con marcada musculatura en brazos y piernas gracias a los esfuerzos en sus oficios artesanos. A diferencia de sus primos Wörtan, los gruesos cabellos negros de su enredada melena y abundante barba nunca pierde su tinte. No más de lo que un poco de polvo o arena puede ensuciar superficialmente. Tanto hombres como mujeres no temen en mostrar su cuerpo desnudo, sean niños, adultos o ancianos. Por esto se los puede ver usando diversos ejemplares de sus kúlcuras, su tradicional vestimenta tejida con granos de arena, hilo de barro y una fina aleación metálica suave como algodón, manipulando todo minuciosamente como si se tratase de la tela más versátil y delicada. Contrastando con los opacos colores terrosos de su físico y atavíos, sus ojos resaltan con el brillo de las piedras más preciosas. Con un gigantesco iris amarronado en donde se asoman esquirlas como el ópalo, ámbar y ágata parda se asoman desde la oscura tierra.

También nos habla de sus inclinaciones materiales y espirituales.

Los Hijos de Hyr de las grandes montañas adoran los maravillosos paisajes del mundo, respetan los imponentes poderes del mundo y sus creaciones replican la belleza del mundo. Siendo ofrendas a la mismísima Voz Bajo la Tierra que murmura desde las profundidades de Pannor y los guía en su manso, pero perpetuo conocimiento. (…) Una sociedad pacífica, ordenada. Compuesta por diecisiete pequeñas familias esparcidas por todo el dominio del Rey de la Montaña en la majestuosidad del Jarlkhyrath, la “Columna de Hyr”, la insigne Sierra de los Colosos. En cada una de las diecisiete viviendas trabajadas en piedra, barro y ricos minerales se puede encontrar hasta cuatro integrantes. Sobre todos ellos, heredado entre hombres y mujeres por igual, es el más anciano quien se sienta silencioso en el Trono Familiar, en el pico más alto de las montañas encargado a salvaguardar. Siendo así cabeza de la familia, guía de su descendencia, maestro en el Camino de los Secretos de la Tierra y un puente entre su trono, esculpido y decorado finamente, y el Trono de Hygnar en la montaña del rey, aún más exquisito en su construcción y ornamentación.     


Abajo a la izquierda, la imagen de un guerrero Ulden, Hijo de Uld, entre los delgados pinos de las tierras del sur.

Sobre esta casta gigante Jord remarca su notable y temible inclinación por la guerra y el derramamiento de sangre, siendo los Hijos de Uld los más fieros guerreros de entre todos los Heimmir, igualando en bravura a las salvajes especies dracos de Pannor, como los titanosaurones o los vástagos de Lindorm. Los belicosos Ulden sometieron a la fuerza los reinos de Azán y Aëz utilizando sus armas de hueso, piedra, cobre o bronce. Protegen sus fornidos cuerpos con armaduras de metales trabajados por forjadores casi tan sofisticados como los Maestros Herreros de las Montañas de Fuego. Y utilizan como trofeo el pellejo de sus presas. Escamas de dracosauro, pieles de urzosgo o cueros de alguna bestia gigante. (…) Los clanes Ulden dominan las frías tierras del sur de Pannor desde las montañas del Jarlnuldrath, la “Columna de Uld”. Los clanes conformados por unas pocas familias se asentaron en pequeñas pero orgullosas aldeas en los nevados y boscosos valles, circundantes al corazón de su sociedad guerrera, el gran asentamiento bautizado Uldungrath, la “Morada de Uld”, en honor al padre de su estirpe guerrera, mi hermano perdido.       

El autor nos deja una descripción de la apariencia de los Ulden:

Entre los Heimmir, la estirpe de Uld es la más baja en estatura. Rondando las treinta a treinta y cinco varas como máximo. Igualando en tamaño a las Allkyres. Su ejercitado cuerpo de músculos marcados heredó fríos tonos azules. En su gruesa piel crece escaso pelo, lo que vuelve más llamativo a sus largas cabelleras y pobladas barbas, más oscuros que su tez clara. Su temible mirada se refuerza con un iris de colores plateados y ascuas blancas como la nieve. (…) A diferencia de los Wörtan o los Hyrnen, los Ulden suelen cubrir su cuerpo incluso más que los Hyrnen de las Montañas de Fuego. Usando burdos atavíos de diversos materiales sobre pies, piernas, cintura, espalda, cabeza, muñecas y antebrazo.  


Por último, arriba a la izquierda tenemos un Eren’nan, Hijo de la Tormenta, la maravillosa descendencia de Karahk’ Thar, Primer Rey de la Tormenta.

Jord nos habla de ellos con escaso conocimiento.

La progenie del Primer Rey de la Tormenta supera en altura a los Hijos de Uld e iguala a los Hijos de Hyr de las Montañas de Fuego, midiendo poco menos de cuarenta varas. Su cuerpo anteriormente orondo de piel pétrea y áspera como la montaña, hoy luce un físico estilizado, con una piel metálica pulida como el plomo, el aluminio o la plata. Su chispeante mirada heredó el color dorado y refulgente del trueno que ahora vive en sus corazones. La cabellera que antes se enredaba en sí misma, entre barro y polvo, ahora cae con finos cabellos cromados verde azulados, semejante en textura a la crin de un unicornio. Lo mismo pasa con su barba, mayormente larga y muy bien cuidada, que en ocasiones trenzan o anudan como lo hacen los guerreros y jefes Ulden. Y así como ellos, portan atavíos que cubren casi todo su cuerpo. Comúnmente luciendo una especie de kúlcura más hermoso y delicado que el de los Hyrnen. Sobre éstos, elementos metálicos y joyería trabajados con elegancia.        

Luego de poca información, Jord termina su escrito con lo siguiente:

Al ser la estirpe más joven de los Heimmir se tiene poco conocimiento sobre su sociedad escondida entre las nubes y las estrellas. Es una raza orgullosa, obstinada, reservada y de espíritu valiente. En busca de los saberes de la Magia, pero sin miedo a formar parte de la batalla cuando es el momento. (…) En su vasto reino de preciosa y resplandeciente arquitectura, Karahk’ Thar, el que fue Tocado por el Rayo Perpetuo, guía a su pueblo desde su cristalino trono, en la sala más brillante de Eren’kyara, la “Ciudadela de Todos los Vientos”.        

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