¡Saludos a todos, lectores y colegas!
Últimamente he estado un poco holgazán con las
actualizaciones del Blog, ya que les comenté que compartiría con ustedes un apartado
que expandiría con más detalle la inspiración de mis obras y aún no terminé ni la primera parte. De hecho, apenas la comencé. Así
que, en su lugar, les traigo un nuevo adelanto del segundo relato de El Mundo
de Asztriand ©. Para todos aquellos que están interesados en
conocer más de este maravilloso mundo fantástico.
Sin
más que decir, aquí les dejo el fragmento del cuento. Espero que lo disfruten.
(…) Los primeros Gigantes de la Montaña, con sus cuarenta a
cincuenta varas de altura, llegaron a levantar estructuras de hasta cuatro
veces su tamaño. Muros y terrazas en las faldas de las montañas exquisitamente
pulidos, hermosos altares de granito en el centro de gradas coronando las
cumbres, amplios y extensos caminos y peldaños de piedra caliza conectando los
valles, y lo más llamativo, enormes y deslumbrantes tronos de respaldo bajo que
emergen de la roca como si fuera una extensión más de la montaña. Reforzados
con alabastro estaban finamente decorados con oro, paladio, cuarzos o diversos
cristales coloridos. Con el pasar de los años bajo el imperceptible movimiento
del firmamento, los Gigantes de la Montaña construyeron también templos y
palacios de simple arquitectura, pero con dimensiones colosales, en ocasiones
esculpiendo y dando forma a la montaña misma. Cimentaron salones espaciosos,
repletos de esculturas y pilares de mármoles blancos, rojos y marrones
espectacularmente decorados. De este modo una de las primeras sociedades nacía
en el mundo mucho antes que Pannor se dividiera. Una primitiva cultura que
adoraba y respetaba los maravillosos paisajes y belleza que los rodeaba. Una
sociedad pacífica, ordenada, compuesta por unos pocos individuos comúnmente
organizados en pequeñas familias de hasta cuatro integrantes, protectoras de su
descendencia y guía de ella en el camino de los saberes de la Tierra que transmitían
de generación en generación. Conducta que permitió al Primer Rey de la Montaña
gobernar con tranquila magnificencia y orgullo, en comparación con sus hermanos
gigantes en otras partes del mundo, que vivieron en continuo conflicto por
siglos…
“De Rocas y Relámpagos”, por
Alan L. F. Chavez.
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