domingo, 4 de abril de 2021

Cuento "De Rocas y Relámpagos" [fragmento adelanto]

 ¡Saludos a todos! Amantes de la literatura, y más de la fantasía.

Como prometí, tenemos el primer adelanto del segundo relato de El Mundo de Asztriand ©. No voy a dar vueltas, simplemente les dejo el fragmento aquí abajo. Espero lo disfruten y compartan mi entusiasmo con el crecimiento de este maravilloso mundo fantástico.   

 

(…) se detiene en el centro de la planicie que conforma el Ágora, a pocos pasos de Kunn' Ha Kar. Frente al trono tallado en el pico rocoso que se eleva unos pocos pies está la gran plaza vacía, como un anfiteatro que rodea la mitad de la circunferencia de la montaña. En el borde, mirando hacia el centro, otros diecisiete tronos vacíos de menor ornamentación y tamaño, uno por cada anciano gigante que encabeza las familias de su sociedad. El Segundo Rey de la Montaña apenas mueve su cuerpo sin despegarse de su asiento. Un hombre corpulento, musculoso, de pronunciada barriga y piel terrosa. Entre su cabello enmarañado como raíces negras que se mezcla con su abundante barba se asoma parcialmente diferentes piedras preciosas incrustadas en su cráneo que hacen de corona. Sus pies descalzos cubiertos de polvo y arena dan a entender que no se había movido de allí hace mucho tiempo. Tanto que un curvado olmo de tronco ancho repleto de hojas creció unos treinta pies en el brazo izquierdo del trono, abriéndose paso en la piedra oscura, entre el alabastro y las gemas, enredando sus raíces al corto espaldar y la extremidad del rey que allí descansa.

Kunn' Ha Kar abre lentamente sus ojos como esquirlas de ámbar revueltos en barro, y le obsequia a su vasallo una imperceptible sonrisa y una pacífica mirada. La humildad es algo que caracteriza a los Gigantes de la Montaña, incluso a él. Tal era el caso en el monarca que apenas llevaba puesto joyería, como un par de brazaletes en muñecas y bíceps o una gruesa faja cinturón metálica con piedras engarzadas, y su única vestimenta era un kúlcura simple que caía bajo la cintura tapándole precariamente hasta las rodillas.

El rey apenas levanta la mano derecha para saludarlo y baja la cabeza para verlo mejor. La tierra murmura bajo sus pies cuando habla lenta y pesadamente.

– Ya no siento tu presencia, hermano. Te oigo como un eco distante en la Voz. 

El Hijo de la Tormenta apenas siente las palabras acariciar la planta de sus pies desnudos.

– Ahora escucho otra voz, Kunn' Ha Kar. Una más hermosa y llena de vida, que me envuelve de vitalidad. No como a ti, vetusto dormido. 

Las nubes chasquean con tenues luces. El rey se mueve un poco más en su asiento, dejando caer algo de la tierra sobre su cuerpo. Vuelve a hablar gravemente, como si se tratara de la tierra misma entrechocando.

– Siento bajo mis pies la furia de los elementos. Inquietos, desordenados. No te dejes corromper, hijo mío.

– No me llames así. – Levanta el tono.

– Cuida el modo de dirigirte a tu rey... – Dice cuanto el otro interrumpe.

– ¡Tú no eres mi rey!

Cenn' Kar Haj vocifera con tal fuerza que lo oyen todos los demás gigantes en las faldas de Hygnar. El rostro de piedra del rey muestra un asombro apenas perceptible. Se endereza en su trono y aprieta con gruesos dedos la roca cobriza, sacudiendo un poco las ramas del olmo a su lado. 

Kunn' Har Kar vuelve a hablar lentamente, en el idioma titánico a través de la Voz Bajo la Tierra.

– Yo soy tu rey, maestro y protector. Y como tal, debes cumplir mi designio, como hijo y súbdito. 

– Lamento decirte, Rey Dormido, que tú ya no proteges a nadie. Y por ese motivo salí en busca de un nuevo maestro, y lo he encontrado. Me enseñó un camino, me enseñó un poder. Incluso me ha enseñado mi destino… 

 

“De Rocas y Relámpagos”, por Alan L. F. Chavez.

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